Educación sin lectura: el otro abandono silencioso

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“No se trata solo de enseñar a leer, sino de garantizar que haya algo que leer, con alguien que guíe y un propósito que motive.”

Una escuela sin libros, una política sin lectores

En el Perú, la lectura ha sido declarada “prioridad nacional” más de una vez, pero los hechos no acompañan el discurso. Aunque el currículo nacional promueve la comprensión lectora como eje transversal, la realidad de las escuelas públicas —especialmente rurales y de periferia urbana— revela que la lectura sigue siendo una actividad forzada, aislada y sin infraestructura que la sostenga.

Según datos de la Dirección de Innovación Tecnológica en Educación (DITE) del Minedu, hasta el 2022 más del 70 % de escuelas públicas no contaban con bibliotecas escolares funcionales. En muchas, la biblioteca es solo un cuarto cerrado, sin mobiliario, sin libros actualizados y sin personal capacitado. En otras, simplemente no existe.

Los libros que llegan desde el Ministerio suelen ser textos escolares únicos, con tirajes ajustados y entregas tardías. Algunos estudiantes comparten un mismo libro por aula. Se promueve “leer más”, pero no se crean las condiciones mínimas: ni espacios, ni materiales, ni tiempo dentro del horario escolar.

La lectura, además, no forma parte del día a día escolar como una actividad autónoma, creativa o colectiva. Se convierte en una “tarea para la casa” o una estrategia para aprobar pruebas estandarizadas como ECE o PISA. Se mide el resultado, pero no se acompaña el proceso.

Por si fuera poco, la figura del docente como mediador de lectura sigue siendo débil. No existen programas de formación sostenida para que los maestros acompañen experiencias lectoras significativas. En muchos casos, el profesor tiene que improvisar, usar sus propios recursos o reproducir textos descontextualizados.

Leer se vuelve, entonces, una exigencia desanclada de la realidad. Y la escuela, en vez de ser un lugar donde se abra el mundo a través de las palabras, se convierte en un espacio donde la lectura se restringe a cumplir con ejercicios y responder preguntas cerradas.


Brecha de lectura, brecha de país

La desigualdad en el acceso a la lectura no es solo educativa. Es también cultural y estructural. Mientras en ciertos distritos de Lima, Arequipa o Trujillo hay ferias del libro, clubes juveniles, librerías y talleres de lectura, en la mayoría de provincias del país ni siquiera hay una biblioteca municipal abierta con horarios estables. En 2021, la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) informó que solo 1 de cada 5 gobiernos locales tenía una biblioteca comunal activa.

Esto genera una brecha que no solo se mide en comprensión lectora, sino en formación crítica, acceso a la cultura y posibilidad de imaginar un mundo distinto. Un niño que nunca ha tenido un libro en sus manos difícilmente podrá desarrollar pensamiento autónomo. Un adolescente que solo lee para responder una prueba no construye criterio. Y un sistema que no asegura acceso lector reproduce silenciosamente el modelo de exclusión intelectual.

Las políticas públicas de lectura en el Perú han sido fragmentadas, poco sostenidas y sin articulación real entre escuela, familia, comunidad y medios digitales. El Plan Lector se convirtió en una formalidad en muchos casos. La conectividad, que pudo ampliar horizontes durante la pandemia, fue deficiente y desigual: más del 60 % de estudiantes de zonas rurales no accedieron a recursos digitales durante el confinamiento.

Hoy, exigir comprensión lectora sin inversión real en bibliotecas, sin dotación de libros, sin formación docente, es pedir resultados sin sembrar las bases. Y, peor aún, es convertir la lectura en un privilegio de pocos, cuando debería ser una herramienta de emancipación colectiva.


Leer no es un lujo. Es un derecho.
Y mientras el Perú siga sin bibliotecas vivas, seguirá también sin ciudadanos plenamente libres.

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Mario Malpica

Docente, especialista en TIC, desarrollador Web y gestor deportivo. Docente en cursos de innovación y emprendimiento. Entrenador de Ajedrez, me encanta el mundo de la tecnología y siempre dispuesto a aprender. Me gusta asumir retos y me apasiona enseñar.
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Paola Mendoza
Paola Mendoza
7 months ago

¿Cómo quieren que los niños lean si no tienen libros ni tiempo ni motivación? En casa hacemos lo que podemos, pero el Estado debería acompañar, no solo exigir.

Elías Molleapaza
Elías Molleapaza
7 months ago

Excelente artículo. Lamentablemente la mayoría de municipios no cumple con sostener bibliotecas comunales ni contratar personal capacitado. Todo queda en el discurso.

César Ormeño
César Ormeño
7 months ago

Reflexión muy necesaria. Hay que dejar de repetir que el problema es solo pedagógico. El problema es estructural. No hay acceso real, y eso genera una brecha cultural profunda.

Yovana Peña
Yovana Peña
7 months ago

Conozco escuelas en la selva que tienen bibliotecas, pero nadie las abre porque no hay personal asignado. Leer es un lujo si no hay políticas claras.

Jorge Abad Estrada
Jorge Abad Estrada
7 months ago

Me encanta que lo haya dicho con claridad.

Julio Vicente Pérez
Julio Vicente Pérez
3 months ago

Totalmente cierto. Hay que seguir impulsando la lectura desde la familia y por supuesto, en los colegios.

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