América Latina atraviesa una crisis educativa sin precedentes, con altos niveles de rezago en matemáticas y lectura, especialmente entre los estudiantes de contextos vulnerables. A pesar de los esfuerzos y el aumento de la inversión pública, el aprendizaje real no mejora significativamente, y se profundizan las brechas por desigualdad social, falta de acceso a tecnología y nuevos desafíos como el cambio climático y la irrupción de la inteligencia artificial. Esta situación exige una transformación estructural del sistema educativo, enfocada en recuperar aprendizajes básicos, apoyar a los estudiantes más afectados y fortalecer la resiliencia de las escuelas ante crisis futuras.